
Afincado en Ámsterdam, Joep Beving apunta sobre su obra que es música sencilla para emociones complejas. Y sí, lo es. Con composiciones de y para piano solo minimalistas, afectivas y vulnerables, que destilan una calma genuina que contrasta con la presencia imponente de su creador -más de dos metros de altura, largas melena y barba: como si fuera un descendiente directo del vikingo Ragnar Lothbrok-, que lo han convertido en un fenómeno global. Un neoclasicismo sin ornamentos, el suyo, que ha sido requerido, incluso, para musicar para televisión, cine y publicidad. Será porque adopta, dice, un enfoque pop, tanto en la composición como en la interpretación. Hasta el momento, además de una docena de singles, ha publicado ocho álbumes, desde el primero, “Solipsism” (2015), hasta el más reciente, “Liminal”, que ha visto la luz este 20 de marzo. Todos en el sello Deutsche Grammophon / Universal Classics.
En el citado “Liminal” Beving explora el papel de la humanidad dentro de una ecología más amplia, que trasciende lo humano, buscando la conexión con la naturaleza en lugar de la separación de ella. Algo que hace inspirándose en el libro de Guillaume Logé “Renaissance sauvage” (2019), que su autor escribió en respuesta a la creciente incertidumbre y al colapso de los sistemas tradicionales. Compuesto por quince piezas de y para piano solo, parcialmente entrelazadas con la electrónica, “Liminal” habita un espacio que transporta al oyente en un viaje atmosférico entre composiciones contemporáneas y poesía sonora introspectiva, invitándolo a experimentar el mundo más allá de las divisiones binarias y a descubrir nuevas resonancias. Alterna momentos de composición precisa e intencionada con secciones donde el sonido evoluciona orgánicamente, difuminando la línea entre control e intuición.
“El álbum se mueve entre dos lados. A veces, doy forma y refino el sonido hasta su forma más pura. En otras, la música fluye por sí sola, cambiando, desvaneciéndose y volviendo al silencio como guiada por algo natural. Trata menos de estructura y más de conexión, cambio y resonancia, más cercano a ecología que a arquitectura”, dice Beving.