
La británica Beth Orton emergió en los años noventa con una fusión distintiva y fresca de folk con elementos electrónicos que aunaba pasión y belleza. Era el suyo un folk tradicional pasado por el tamiz del indie, mientras que en su electrónica se desprendía el ritmo del trip hop. Una pionera finisecular de la folktrónica. Su primer disco, publicado solo en Japón, fue “Superpinkymandy” (1993), producido por el recientemente fallecido William Orbit, con quien luego siguió trabajando. Más colaboradores de renombre del zeitgeist musical con quienes ha compartido estudio: The Chemical Brothers, Andrew Weatherall, Red Snapper y Ben Watt.
En 1996 llegó el turno de su segundo álbum, “Trailer Park”, joya que deslumbró en el Reino Unido y Australia -para Bruce Springsteen, uno de sus discos de esa década: ahí es nada- y cuyo brillo refrendó su sucesor, “Central Reservation” (1999), que la elevó a los altares al hacerse con el BRIT Award, y “Daybreaker” (2002), que entró en el Top 10 británico y el Top 40 estadounidense. A partir de ahí, hitos varios, desde colaborar con Bert Jansch hasta trabajar con Jim O’Rourke como productor en “Comfort Of Strangers” (2006) o Tucker Martine en “Sugaring Season”, ambos LPs alzándose hasta el Top 30 británico, o, sin ir más lejos, su octavo disco, “Weather Alive” (2022), a cuya mezcla de beats, sintetizadores y texturas acústicas batida por un cuarteto de jazz le llovieron excelentes críticas (caso de Pitchfork, con un 8,7 y el sello “Best New Music”: “El mejor trabajo de su carrera. Relajante, inmersivo y de producción propia, evoca una atmósfera onírica con canciones que se pierden en el éter”). Con “The Ground Above” (2026) el listón se ha mantenido al mismo nivel (he aquí una reseña bien ajustada, sirva como ejemplo palmario: “Íntimo, reflexivo y magníficamente realizado, aborda el amor, el duelo y la mortalidad con una gracia excepcional, al tiempo que da continuidad a una trayectoria de tres décadas de evolución artística y espiritual”, Clash Music).