La canadiense Michelle Gurevich, que agota entradas en ciudades como Estambul, Berlín, Varsovia o Atenas, trae por primera vez su directo a España. Con su cruda expresividad crea un rock que bascula entre el slowcore y un folk-pop lo-fi, con el que explora la sumisión fatalista a la pasión, la fugacidad de las relaciones y el colapso interior que provoca perderlas. El resultado, conciertos catárticos, con un punto a lo David Lynch.

