
La canadiense Ronley Teper será la telonera de su compatriota Michelle Gurevich en los conciertos que esta dará en Barcelona el 26 de noviembre (Wolf) y en Madrid dos días más tarde, el 28 (MON Live). Os recordamos que siguen siendo válidas las entradas ya adquiridas para sus emplazamientos iniciales (Upload en Barcelona y Café Berlín en Madrid; que tuvieron que cambiarse a Wolf y MON Live debido a la alta demanda de entradas). Ambas fechas son una coproducción de Houston Party y Ground Control.
Ronley Teper es conocida principalmente por sus actuaciones en directo —audaces y experimentales— que fusionan diversos géneros. Junto a su elenco rotativo de improvisadores conocido como The Lipliners, y combinando la narrativa musical, la comedia, los títeres y la improvisación con una musicalidad genuinamente melódica, mezcla estilos como el folk, el jazz, el funk, el pop orquestal, el post-rock, el cabaret y el blues; y utiliza para ello todos los recursos a su alcance para crear arte contemporáneo —caprichoso, surrealista y cautivador— a través de la música. Es un enfoque libre de inhibiciones que evoca a artistas experimentales de la talla de Frank Zappa o Tom Waits.
Y ahora, turno para Michelle Gurevich. Conocida al principio de su carrera por el alias artístico de Chinawoman, compone canciones donde se palpa la influencia de su herencia rusa, dando lugar a una suerte de rock que bascula entre el slowcore y un folk-pop lo-fi. Una cantautora dramática, de expresividad cruda, a la que con su voz de contralto gusta explorar temas como la sumisión fatalista a la pasión, la fugacidad de los encuentros y relaciones, su pérdida y el colapso interior que eso provocar. Y aún más, porque hasta se atreve con la pérdida de la cordura. Lo dicho, una intérprete con un punto de drama queen y de oscuro realismo lynchiano, que transforma en un directo catártico, para compartir vulnerabilidades.
Aunque nacida en Toronto, para esta hija de inmigrantes ruso-judíos (él, ingeniero; ella, bailarina) fue el ruso su primera lengua, con la que creció. Luego llegó el inglés y el deseo de ser cineasta, aunque tras diez años trabajando en la industria del séptimo arte decidió apostar por la música. “Finalmente intenté escribir una canción y descubrí que no solo era más barato que hacer una película, sino también mucho más fácil obtener un buen resultado”. Desde que en 2007 publicó su primer disco, titulado “Party Girl”, suma ya un total de nueve, siendo el último “It Was The Moment” (2024), tal vez el más frágil y expresivo que ha sacado, ya que fue creado durante un período de duelo. A esa cosecha hay que añadir una decena de singles.
Con conciertos que agotan las entradas en ciudades como Estambul, Berlín, Varsovia y Atenas, Michelle se ha labrado un nicho de seguidores que incluye a la diáspora de Europa del Este, la escena queer berlinesa y a quienes aprecian las baladas melodramáticas de Charles Aznavour, Zeki Müren y Nikolai Slichenko. Si bien sus conciertos incorporan más elementos en directo y una banda de músicos, continúa autoproduciendo y publicando sus propios álbumes, manteniendo una intimidad y una singularidad expresiva, desde su habitación hasta la tuya. Una apuesta basada en parte en la melodía y el estilo, pero, sobre todo, en un enfoque fatalista y a la vez celebratorio en las composiciones.
